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28/07/08 – LUN (Chile)

En su taller hace palitroques, camiones, cocinas, y muchos otros juguetes de madera.Los juguetes de madera no son sólo un juego, son pasaportes para viajar en el tiempo. Un pasaje directo hacia los más dulces recuerdos de la infancia. Un golpe de nostalgia que despierta al eterno niño que hasta el más anciano y desmemoriado hombre lleva dentro. Al menos así es como lo veo, más bien, como lo siente Leonardo Gajardo, artista y entre otras cosas, maestro tornero, quien se define como un romántico, o una suerte de Gepetto criollo. En su sencillo taller bautizado con el nombre de “Leodácticos”, ubicado en Leonor de la Corte esquina Júpiter, Quinta Normal, se fabrican contorneados palitroques, macizos camiones, imperecederas cocinas de juguete con horno y cuatro quemadores o monumentales colosos, clásicos carritos de madera con tiradera. “Queda poca gente trabajando…


Leonardo Gajardo es un artista soñador con pasaporte al pasado

El Gepetto de Quinta Normal:
«La madera pertenece a los niños»

Las Ultimas Noticias, Lunes 28 de Agosto de 2008

En su taller de tornero, «Leodácticos», van tomando forma pequeñas fantasías de colores que entregarán grandes alegrías.

En su taller hace palitroques, camiones, cocinas, y muchos otros juguetes de madera.

Los juguetes de madera no son sólo un juego, son pasaportes para viajar en el tiempo. Un pasaje directo hacia los más dulces recuerdos de la infancia. Un golpe de nostalgia que despierta al eterno niño que hasta el más anciano y desmemoriado hombre lleva dentro.

Al menos así es como lo veo, más bien, como lo siente Leonardo Gajardo, artista y entre otras cosas, maestro tornero, quien se define como un romántico, o una suerte de Gepetto criollo.

En su sencillo taller bautizado con el nombre de “Leodácticos”, ubicado en Leonor de la Corte esquina Júpiter, Quinta Normal, se fabrican contorneados palitroques, macizos camiones, imperecederas cocinas de juguete con horno y cuatro quemadores o monumentales colosos, clásicos carritos de madera con tiradera.

“Queda poca gente trabajando artesanalmente los juguetes de madera. Soy un romántico, un duende. A la gente que trabaja conmigo les digo que pasan a ser duendes también, y yo soy una especie de Gepetto o Viejo Pascuero. Porque cuando un niño reciba un juguete, una sonrisa va a florecer”.

Muchos juntos

El aserrín cubre el piso alrededor de las herramientas con las que trabaja junto a su hermano Gabriel y otras tres personas, en el mismo lugar que lo vio crecer.

“La familia de nosotros era muy numerosa, éramos 12 hermanos pero llegamos a ser 24, 12 de ellos murieron muy chicos. Yo siempre me arrancaba donde un tío que era escultor y que, curiosamente, también trabajaba en investigaciones”, recuerda Leonardo.

“También, una vecina escultora me regalaba pintura o pedacitos de madera para que creáramos cosas. Cuando empecé a ir al colegio, los profesores me buscaban por mi habilidad de dibujar”.

Antes de terminar la educación secundaria, comenzó a descifrar los secretos de la madera. “Después del colegio me iba a trabajar a una fábrica de juguetes, ahí estuve hasta que con mi tío compramos una máquina para metales y pusimos un pequeño taller de hojalatería. Inventábamos, hacíamos esculturas, armaduras, de todo”.

Paso casi una década para que nuevamente la madera volviera a ser la materia prima de su trabajo. “No podía hacer juguetes de metal, pues era peligroso para los niños, entonces comencé con el taller de maderas, hace casi tres décadas”.

Durante este tiempo, ha ido minuciosamente anotando los detalles de su experiencia, en una suerte de bitácora de vida. “Anotamos todo, los trabajos que hacemos, las investigaciones, todo está escrito en cuadernos. Además, estoy haciendo una autobiografía”.

Un privilegiado

A sus 58 años de edad, Leonardo no deja de agradecer su suerte. “Me siento privilegiado, porque no todas las personas pueden hacer lo que les gusta, yo vivo de esto. Invento, hago pruebas, estudio, gastamos mucho en materiales, pero es mi vocación”.

Actualmente le devuelve la mano al destino y comparte su conocimiento, ya sea regalando materiales a niños del barrio como enseñando. “Cuando me piden hago clases en colegios, o vienen al taller con sus padres. Ahora estoy invitado al Museo Interactivo Mirador, porque les fabrico algunas piezas. También regalo a los chicos del barrio cosas para que ellos creen”.

Sus clientes en su mayoría son tiendas de Avenida Matta y Providencia, más algunos particulares. Para ubicarlo hay que llamar a los teléfonos 98681993 o 227728673. Su máxima es siempre la misma: “La madera pertenece a los niños”.

Recuperar la Infancia

Vivienda y Decoración de El Mercurio.

Edición Nº621, Sábado 31 de Mayo de 2008.

Página 24, sección Taller por Taller.

“Leodacticos” se llama la alinea de juguetes de madera y mobiliario infantil que este artesano desarrolla en su sencillísimo taller en Quinta Normal. Son diseños que tuvo en mente por años y que ha concretado estos últimos meses inspirándose en el niño que de chico no pudo ser.

Texto Soledad Villagrán Varela | Producción, Carolina Ovalle N. | Fotografías, Homero Monsalves.

Su madre tenia dos libretas de familia porque dio a luz 24 niños. De los 12 que sobrevivieron Leonardo Aquiles Gajardo es el séptimo. “Nací medio arrinconado, era terriblemente tímido, mis hermanos no. Yo no encumbraba volantines, nunca jugué a las bolitas ni al trompo ni al emboque ni al pillarse” enumera con inusual detalle. Él se entretenía solo, dibujando y pintando. Incluso salió del colegio sabiendo hacer esculturas. “Uno trae esta inclinación. Hay una tendencia muy grande a crear cosas”. Ahora que está cerca de los 58 años, reconoce que disfruta con su oficio porque saca del pasado al niño “que era un caso medio extraño” y lo deja fluir para inventar entretenidos juguetes.

Su primer empleo fue en una fábrica de hojalatería erística, donde hacia monitos de lata. Al tiempo derivo en los de madera cuando con su hermano Gabriel compraron un torno para trabajar en forma independiente. Eso fue por cinco años y luego continúo un camino solitario. “Hacia cosas que me mandaban a hacer, como pizarras y piezas en serie”. Pero tras su separación hace cuatro años dejo todo botado. “Casi muero, estar lejos de mis hijas me estremeció mucho… Ahora estoy en tierra firme”, comenta.

Hace algunos meses retomo su vida, aventurándose en sus propios diseños. “Me atreví a terminar mis modelos pendientes de una vez por todas. Fui probando si funcionaban para levantarme la moral empecé por los camiones, siempre quise hacer uno mejor que cualquiera de los que hay en el mercado, cuando termine el primero no hallaba a quien abrazar, fui a ver a mi hermano para celebrar porque fue un trabajo de mucho tiempo”.

A estos grandes vehículos que llevan cajones o enrejados para distribuir la carga, le siguieron caballos y elefantes balancines, carritos de arrastre, muebles de cocina, lavaplatos, roperos… Objetos que en su mayoría sirven para equipar una casa de muñecas; viviendas que también fabrica a pedido (teléfono 227728673 o contacto@leodacticos.cl) y que además de ser totalmente desarmables son de grandes dimensiones.

El artesano asegura que sus con sus obras ha recibido “puros aplausos”, y eso es lo que mas lo alienta para seguir inventando. Su próximo sueño es armar una automotora en miniatura, “como una línea de colección”, adelanta entusiasmado. V|D